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diumenge, 1 de setembre del 2013

Nanotecnología en el año 300 (dC, por supuesto)



Los veteranos del blog ya saben de mi debilidad por los romanos y su tecnología. Pero nuestra creencia en las bondades del arte que atesoraban los hijos de Rómulo nunca pensó, ni de lejos, en la nanotecnología.

Bueno, no es que supieran cómo funciona ni que montaran grandes laboratorios de investigación (suponemos), pero estudios actuales han desentrañado un misterio del British Museum que ha llevado a desenpolvar esta antigua técnica romana que enlaza con la tecnología punta actual (¡casi ná!).

Efectivamente, el secreto del color de un cáliz romano con 1.600 años de antigüedad, propiedad del British, parece residir en el aprovechamiento de una tecnología que ahora podría ayudar a diagnosticar enfermedades o identificar riesgos biológicos en controles de seguridad.

Este cáliz de vidrio, conocido como la Copa de Licurgo (Lycurgus Cup) porque presenta una escena en que aparece el rey Licurgo de Tracia, tiene un color verde jade cuando se ilumina desde delante, pero es de color rojo sangre cuando se ilumina por detrás; una propiedad que ha dejado perplejos a los científicos durante décadas, una vez que el museo adquirió la copa en los años 50. 

El misterio no se resolvió hasta 1990, cuando investigadores ingleses estudiaron al microscopio unos diminutos fragmentos y descubrieron que los artesanos romanos fueron pioneros en el uso de nanotecnologías: habían impregnado el vidrio con partículas de plata y de oro, molidas hasta obtener gránulos de apenas 50 nanómetros de diámetro, menos de una milésima del tamaño de un grano de sal de mesa. La exactitud en la mezcla de los metales preciosos sugiere que los romanos sabían lo que estaban haciendo: “una hazaña increible”, dice uno de los investigadores, el arqueólogo Ian Freestone del University College of London.

Esta nanotecnología arcaica funciona así: cuando son golpeados por la luz, los electrones pertenecientes a las partículas metálicas vibran de tal forma que se altera el color en función de la posición del observador. Gang Logan Liu, ingeniero de la University of Illinois en Urbana-Champaign, que hace tiempo se dedica al uso de nanotecnología en el diagnóstico de enfermedades, y sus colegas advirtieron que este efecto les ofrecía grandes posibilidades. “Los romanos sabían cómo obtener y usar nanopartículas en las bellas artes”, comenta Liu. “A ver si nosotros podemos obtener aplicaciones científicas a partir del mismo efecto”.

Liu sosopecha que, cuando los fluidos llenaban la copa, deberían cambiar de color cuando los electrones en vibración del vidrio interactúan (los actuales tests domésticos de embarazo explotan un fenómeno nanométrico para convertir en rosada una tira blanca).

Como los investigadores tienen vetado introducir líquidos en el interior del precioso recipiente,  en su lugar han grabado miles de millones de diminutos poros en una plancha de plástico del  tamaño de un sello, y han pulverizado en ellos nanopartículas de oro o de plata, creando una suerte de matriz con miles de millones de Copas de Licurgo ultraminiaturizadas. Cuando se introduce agua, aceite, soluciones azucaradas o salinas en estos pocillos, muestran una serie de colores fáciles de distinguir: por ejemplo, verde claro para el agua y rojo para el aceite. El prototipo ha resultado 100 veces más sensible a la alteración de niveles de sal en soluciones salinas que los actuales sensores comerciales que usan técnicas similares. El dispositivo podría tener aplicación en dispositivos portátiles para detectar patógenos en muestras de saliva o de orina, o para frustrar intentos terroristas de introducir líquidos peligrosos en aviones.

La Copa de Licurgo original del siglo IV, probablemente usada únicamente en ocasiones especiales, presenta al rey Licurgo atrapado por una maraña de vides, presumiblemente como castigo a sus malas acciones contra Dioniso, el dios griego del vino. Si se inventa una nueva generación de detectores a partir de esta antigua tecnología, será el turno de que sea Licurgo quien atrape a otros (sean personas o virus).

Xavier

Más info:

dimarts, 7 de juny del 2011

Pescadero (¡mayorista!) romano

Si os parece que hoy en día se nos ocurren los negocios más estrafalarios, es que conocéis poco a los antiguos romanos.

Según los estudios realizados sobre un pecio del siglo II descubierto en Grado, nordeste de Italia, los antiguos romanos pudieron haber transportado peces vivos por el Mediterráneo dotando a sus barcos de un ingenioso sistema hidráulico. El equipo consistiría en un sistema de bombeo diseñado para captar agua de mar y llevarla a un depósito donde se alojaría a los peces. El aparato completo ha sido reconstruido por un equipo de investigadores italianos que analizaron la pieza decisiva hallada en el barco naufragado: una tubería de plomo insertada en el casco, cerca de la quilla.

Sabemos con certeza que el pequeño carguero transportaba unas 600 ánforas llenas de sardinas, caballa salada y el inevitable garum (la salsa de pescado que constituía el ketchup de los romanos). Pero ahora los arqueólogos sospechan que también pudo llevar alrededor de 200 kilos de peces vivos alojados en un depósito situado en la cubierta de popa.

Esta sería la primera prueba física que confirmaría oscuros relatos de fuentes clásicas. Por ejemplo, el historiador y científico Plinio el Viejo (23 – 79 dC), escribió que peces-loro vivos se transportaban desde el Mar Negro hasta las costas napolitanas con intención de aclimatar esa especie en el Mar Tirreno.

La pieza clave es el tubo de plomo. Una verdadera tubería de 130 cm y al menos 2,7 cm de diámeto que se inicia en un agujero practicado directamente en el caso del barco: evidentemente, ningún marino en sus cabales perforaría voluntariamente su barco a menos que existiera una buena razón para ello.

Y según los investigadores, el achique de la sentina está fuera de lugar: las bombas eran bien conocidas y se usaban de forma muy segura lanzando el agua por encima de la borda en los laterales del barco. Créen que la tubería no se usaba para sacar agua del barco, sino para introducirla en él. Y el propósito de ese inusual artilugio, dado el caracter de transporte pesquero del navío, no sería otro que el mantener con vida a un cargamento de peces (probablemente lubinas o besugos) proporcionándoles agua bien oxigenada.

Conectada a la tubería de plomo, una bomba manual de pistón permitiría el fácil intercambio de agua del depósito. Los cálculos son del orden de un cambio completo de aguas cada media hora, para asegurar un suministro constante de oxígeno en un depósito de 4 metros cúbicos.

Y el contexto en que se movía el barco apoya la idea. La cercana costa de Istria era conocida por sus numerosos viveros, verdaderas piscifactorías de la época. Es posible que el barco de Grado transportase peces vivos desde esos viveros hacia los grandes mercados del Adriático. Por ejemplo, el rico puerto de Aquileia queda a menos de 10 horas de Istria, un viaje que permitiría mantener vivos los peces con facilidad usando una bomba de agua realmente modesta.

Y luego nos dirán que los romanos eran unso desalmados: ¡si hasta sacaban de excursión a su comida!

Xavier

Más info en Discovery News

dimecres, 19 de gener del 2011

Como no había TV... ¡monedas!

Es sabido que, en tiempos en que aún no existía la tele, el medio que empleaban los gobernantes para darse a conocer al pueblo, e incluso registrar hechos notables, eran las monedas.

¿Puede una moneda helenística de 2600 años de antigüedad indicarnos un evento astronómico? Bueno, pues eso es lo que cree Robert Weir, profesor de arqueología y lenguas clásicas de la University of Windsor, en Canadá, y apasionado astrónomo amateur.

El profesor Weir, buen especialista en numismática antigua, encontró extraña la iconografía empleada en una acuñación de Antíoco VIII, fechada alrededor del año 120 aC. La moneda presenta en una cara el rostro del rey seleúcida, pero en el reverso aparece Zeus, erguido bajo un creciente lunar y, sobre su diestra extendida, aparece flotando lo que parece una estrella muy brillante.

Lo interesante es que esta iconografía de Zeus no se había empleado antes, pero jamás volvió a usarse después. Eso hizo que Weir se interesará por la cuestión e intentara relacionarla con un suceso astronómico que invloucrase a la Luna y a otro objeto celeste muy brillante, y que pudiese tener por testigo al rey del Imperio Seleúcida.

Y descubrió que el 17 de enero de 121 aC, los residentes de la capital, Antioquía, en su paseo nocturno, pudieron ver al planeta Júpiter "tragado" por la Luna, un fenómeno que los astrónomos actuales llaman ocultación. Este fenómeno, puramente astronómico, se vería reforzado por las creencias astrológicas del momento: en esa fecha, Júpiter (Zeus para los griegos, dios máximo y por tanto relacionado con los reyes) estaba en la constelación de Cáncer, signo regente de la región siria.

Siguiendo ese hilo, el profesor ha descubierto que en la misma época hubo otras ocultaciones importantes. Otra de Júpiter ese mismo año, y apenas una semana después de la primera, hubo una ocultación de Venus, cosa que también constituía un signo positivo. Así que con toda probabilidad los astrólogos pronosticarían buenos augurios para el el monarca.

Como consecuencia, Antíoco VIII, gobernante junto a su madre de un reino inestable, pudo haber imaginado que finalmente los cielos se aliaban con él. Lo cual sin duda merecería darse a conocer a través del medio de difusión más importante de la época: las monedas.

Pero, desafortunadamente para Antíoco, su imperio se sumergió en una época conflictiva, con uno de sus hermanos, Antíoco IX, disputándole el derecho al trono. Finalmente ambos resolvieron dividir lo que quedaba del reino seleúcida.

Así que la buena suerte cósmica del rey parece que no duró demasiado. Weir explica que 'pocos años después de que asesinara a su madre hubo todo tipo de malhadados eclipses de Marte y Saturno'. Incluso peor, poco antes de que la moneda dejase de acuñarse, alrededor de 114 aC, 'ocurrió algo en el cielo que solo acontece una vez cada 2.000 años', cuenta.  "La Luna eclipsó a Marte y a Saturno al mismo tiempo. Un acontecimiento que estaba entre los peores augurios que uno podía contemplar".

Por suerte, los humanos ya no nos regimos por esas fantasías astrológicas, ¿no?

¿¿NO??


El estudio del profesor Robert Weir fue presentado en la reciente reunión anual del Archaeological Institute of America. (ANI).

Fuente: http://www.unreportedheritagenews.com/2011/01/2100-year-old-greek-coin-may-have.html

Xavier

dissabte, 20 de novembre del 2010

¿Navaja suiza? ¡¡Romana!!

Una navaja multiusos de 1.800 años de edad

Desde los tiempos de Monty Python (La vida de Brian, 1979) nos hemos estado preguntando qué hicieron los romanos por nosotros. Puede que tipos resentidos y desagradecidos renieguen de las carreteras, los puentes, los acueductos, los baños, la calefacción central, el vidrio, los molinos industriales, la literatura, el teatro, la gastronomía, el alcantarillado, el código de justicia, el idioma, el vino, el aceite y tantas otras cosas que los laboriosos latinos popularizaron en nuestra tierra. Sin embargo, ni el más adusto crítico de la latinidad podrá renunciar a uno de los más perdurables logros del ingenio romano: ¡la navaja multiusos!.

En algún momento entre los años 201 y 300, un espabilado romano (probablemente de la familia de los MacGyverus) inventó la navaja multiusos. Y no precisamente algo remotamente parecido a las nuestras, sino que la navaja de MacGyverus resulta inquietántemente parecida a las actuales navajas del ejército suizo, y podéis admirarla en la colección del Fitzwilliam Museum en Cambridge, Inglaterra.

La versión romana de la navaja suiza también dispone de un montón de accesorios desplegables, apilados en su interior: un cuchillo, una púa, una ganzúa, un tenedor y una espátula. Pero encima, y al contrario que su equivalente moderno, la Navaja del Ejército Romano lleva una útil cuchara en un extremo, así que es probable que el artefacto de hierro y plata, desenterrado en algún país mediterráneo, fuese empleado para comer.

Son cosas de los romanos que no dejan de asombrar. Vale, nos invadieron y ocuparon, pero trajeron con ellos la forma de vida moderna, que echaríamos bastante de menos si nos faltase. Cuando la romanidad desapareció, volvimos al oscurantismo, la barbarie y la xenofobia. Y en parte seguimos igual.

Bueno, por lo menos tenemos alcantarillas y navajas plegables...

Podéis ver fotos en:
http://www.fitzmuseum.cam.ac.uk/opac/search/cataloguedetail.html?_function_=xslt&_limit_=10&priref=70534

Xavier